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Dic
2017

De las truchas del Limay a pescar en el Amazonas con indígenas



De chico caminaba dos días para ir a pescar al lago Fonck. Su entusiasmo no cambió: se convirtió en guía y viaja cada año para seguir con su pasión en el gran río de Brasil.


Piccino tiene plasmada con tinta su pasión. Este hombre de risa fácil y cuyo nombre en italiano significa “chiquito” (aunque esté lejos de representarlo fielmente) se tatuó en su antebrazo derecho un Tarpón, una especie que le dio pelea en Colombia y se le escapó. “Era un pez muy grande y dije: ‘vas a quedar para siempre’”, recuerda como parte del anecdotario de aquella aventura, una de las tantas de su extensa memoria de los 45 años que lleva a la pesca como una pasión.

 

 

Ese Tarpón marcó a Piccino Gemma y aunque después pudo pescar varios de la misma especie, nunca olvida ese momento como tampoco aquellos días de adolescente, a los 15 o 16 años, cuando se escapaba de su casa para llegar después de dos días a pie al lago Fonck, cerca de la Cascada Los Alerces, donde se internaba en soledad a pescar por tres o cuatro días con un bote que le prestaba el dueño de una hostería abandonada.

 

 

La pasión de Piccino se despertó de chico y casi por despecho.

 

 

“El tema era que a mi viejo le gustaba pescar pero no me enseñaba, no me llevaba nunca y yo estaba envenenado con eso. Después lo transformé en una profesión, siempre trabajé como guía de pesca, me enseñó un gran amigo, Buby Dioverti, y me empecé a meter con el tema de la pesca con mosca. Y de ahí en adelante no paré más y a los 18 me metí en Parques Nacionales para hacer cursos y hacerme guía”, recuerda con una luz en la mirada, como reviviendo aquellas épocas.

 

 

Ahora Piccino -como no podía ser de otra manera- vive junto al río Limay.

 

 

Desde los enormes ventanales de su hostería La Maroma, construida en lo alto a pocos metros de la balsa de Villa Llanquín, observa el caudal del agua y hasta puede ver asomar las truchas que por estos días vienen “con los cachetes colorados y la franja del arco iris bien marcadas”.

 

 

Desde hace 26 años, Piccino mantiene una rutina: cuando llega el invierno, cuando termina la temporada local y tras un breve paso por Chile en mayo, Piccino se despide de su esposa y sus seis hijos (tres ya adultas y que no viven con él), y se va al Amazonas.

 

 

Adquirió esa costumbre luego de que un amigo brasileño le insistiera con desarrollar su actividad de pesca en esos ríos tropicales internados en la selva.

 

 

También en aquella geografía tan distinta a la cordillera pesca con mosca . “Es un entorno completamente distinto porque estás pescando en el medio de la selva; la fauna es distinta, hay monos, víboras, tortugas y delfines y me meto dentro de comunidades indígenas, se genera un vínculo bueno”.

 

 

Hace dos meses que Piccino regresó de una nueva expedición donde se aventuró en volar en avionetas, dormir en un barco hotel y este año, por primera vez, salió de pesca con una comunidad indígena del río Abacaxis, al sur de Manaos, quienes hasta el momento se resistían al ingreso de los pescadores. Esta vez compartieron sus experiencias con su tradicional pesca con arco y flecha.

 

 

No falta nada en el extenso libro de la memoria de Piccino y gran parte de esas vivencias cuelgan ahora de las paredes del salón principal de la hostería donde posa -él y sus clientes- con ejemplares de las especies más raras, mezclados con elementos antiguos que rescata de cada lugar a donde va.

 

 

Para este hombre de 60 años, nativo de Bariloche, que vivió en el lago Hess, y ahora reparte su tiempo entre el Limay y el Amazonas, la pesca es su forma de vida. “No sé hacer otra cosa”, admite y reflexiona: “el entorno y la gran soledad que tenés en ese momento de pesca es alucinante, tomarte un buen whisky en un tarro de lata no tiene precio... en ese lugar, en el río. Es muy fuerte todo lo que se siente aunque claro que tenés que ser medio loco como yo pero te tiene que realmente gustar. Es una filosofía de vida, una manera de vivir, es un desafío permanente, creo que pasa por ahí”.

 

Fuente: Rio Negro




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